Topilejo en defensa del bosque, en defensa de la vida

Expropiado de desinformemonos

Deisy Ramírez García

“Es importante defender el bosque, ahí tenemos todo, el bosque nos da agua, nos da hongos en temporadas de lluvia, hay muchos animalitos, por eso queremos que se detenga la tala, queremos que respeten la vida, es herencia de los abuelos, queremos que respeten el monte…”

Francisca Olmos Martínez

Comunera y brigadista de San Miguel Topilejo

Como el penacho de Moctezuma, sobre el bosque de San Miguel Topilejo se extienden las ramas del pino Montezimae, una especie que alcanza más de 30 metros de altura, acompañado de cedros, oyameyos, frailes, ocotes y encinos, los cuales cobijan diversas especies de animales como la gallina del monte, el gato montés, el cacomixtle, la víbora de cascabel, el camaleón común, el venado, el Teporingo, por mencionar solo algunas especies que habitan este vasto territorio.

En Topilejo se ubica el Área Natural Protegida (ANP) más grande de la Ciudad de México, decretada en 2007 bajo la categoría de Reserva Ecológica Comunitaria (REC). Como es sabido, las Reservas Ecológicas Comunitarias son aquellas establecidas por pueblos, comunidades y ejidos en terrenos de su propiedad destinadas a la preservación, protección y restauración de la biodiversidad y del equilibrio ecológico, sin que se modifique el régimen de propiedad.

La población originaria tiene una ancestral relación con el bosque. De él se obtiene gran variedad de productos, hongos, tabaquillo y leña de árboles caídos. Es un bosque que proporciona grandes cantidades de agua que alimenta al pueblo y a la Ciudad de México. Su importancia radica en los bienes ecosistémicos que brinda, pero también es parte fundamental para la vida social y cultural. El bosque es la vida misma.

Hoy, este territorio forma parte del triángulo de la tala al sur de la Ciudad de México: Topilejo, Ajusco y Milpa Alta. La tala ilegal no da tregua. Los talamontes han sofisticado el saqueo y la pandemia ha sido, durante dos años, su mejor aliada.

Las autoridades agrarias destacan que del total de la superficie de la Comunidad Agraria del pueblo (10,365.28 hectáreas) se ha registrado tala clandestina en más de 2 mil hectáreas. En minutos son derribados árboles de más de 200 años y el panorama es desolador. Aquellas zonas tupidas por grandes pinos hoy son zonas abiertas, donde los rayos del sol caen directo sobre los zacates y el musgo de las rocas. El viento sopla y pasa de largo, y si guardas silencio, las motosierras pueden ser escuchadas. Cuando son percibidas, la alerta máxima que hasta hace poco se activaba para huir del lugar por los hostigamientos, amenazas y atentados con armas de fuego; hoy es para defender el territorio, para decomisar camionetas que llevan enormes troncos de “madera preciosa” y para no dar paso al saqueo. El miedo habita los cuerpos, la mente, el corazón, pero el hartazgo ante la omisión de las autoridades y ante lo ojos de la devastación ha fortalecido los espíritus de los brigadistas.

El camino por la defensa del territorio

La tala clandestina se agravó cuando la pandemia llegó a México, cuando el resguardo no era una opción, sino una cuestión de vida o muerte. “Fue entonces cuando los talamontes, que sabemos que antes se dedicaban al huachicol en los ductos que pasan por Topilejo, una vez que ese negocio se les acabó voltearon a nuestros bosques, y como no había recorridos y la vigilancia era poca, entraron y arrasaron con los árboles”, cuentan las autoridades agrarias.

Durante casi dos años, la comunidad ha denunciado la tala en diversos documentos enviados a gobierno federal y de la Ciudad de México, así como ante la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México (Sedema), la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y la Comisión Nacional Forestal (Conafor). Hasta ahora, se han hecho 54 denuncias y más de 100 oficios. Dichas instancias han atendido las peticiones conforme a sus protocolos, sin embargo, ninguna de estas acciones ha detenido la tala clandestina y cada día se encuentran más parajes devastados.

La defensa del bosque ha provocado que integrantes de la comunidad agraria, entre ellos las autoridades, sean amenazados de muerte, e incluso en los primeros días de noviembre de 2021 los talamontes atentaron directamente contra las vidas de varios integrantes de Topilejo.

Pese a que la comunidad ha tenido reuniones y acuerdos de recorridos y resguardo de la zona con Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México y la Guardia Nacional, estas acciones han sido muy esporádicas. Además, pese a que en diversas ocasiones, y en compañía de la Guardia Nacional, se han encontrado in fraganti a talamontes derribando árboles y sacando madera en camionetas de alto tonelaje, no ha habido ninguna detención. Tampoco se han establecido acuerdos con las autoridades del estado de Morelos, a donde se dirigen los camiones cargados de madera, para cooperar y detener la tala ilegal.

Debido a que las vidas de los integrantes de la comunidad están en riesgo, acudieron al subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración, Alejandro Encinas, para hacer de su conocimiento la grave situación de seguridad. El caso fue canalizado a la Comisión para el Diálogo con los Pueblos Indígenas de México, quienes respondieron con una visita a la comunidad y sólo acordaron seguir pendientes de la situación, por lo que no hay acciones concretas para proteger la vida de los vecinos y brigadistas ni se trabajó en un protocolo de seguridad.

La comunidad agraria ha hecho diversos llamados a las autoridades para que sus acciones no se queden en oficios, en reuniones y mesas de trabajo que no dan resultados. La población espera que sus denuncias sean atendidas cabalmente, que su bosque sea resguardado, que haya detenciones, decomisos, cierre de aserraderos, coordinación con las autoridades del estado de Morelos y protocolos de seguridad. Realizó dos acciones en el Zócalo de la Ciudad de México, la primera en abril y la segunda en diciembre de 2021, donde las comuneras entregaron un documento a gobierno federal expresando nuevamente la problemática.

El 2021 terminó y la tala sigue un curso alarmante. Es por ello que la comunidad agraria hace un llamado a la sociedad civil, a las organizaciones sociales y de derechos humanos y a los pueblos originarios a que estén atentos de lo que sucede en el Bosque de San Miguel Topilejo, porque defender el territorio es defender la vida misma y la permanencia de los pueblos ante los proyectos neoliberales de muerte.

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