Pronunciamiento de la Campaña U Jeets’el le Ki’ki kuxtal en el aniversario del inicio de la lucha social maya de 1847

Los pueblos mayas continuamos luchando por la defensa de nuestros territorios
¡por nuestras autonomías!
¡por la libertad!
De la “Guerra de Castas” a la Autonomía
Pronunciamiento de la Campaña U Jeets’el le Ki’ki kuxtal en el aniversario del
inicio de la lucha social maya de 1847

Al Ejército Zapatista de Liberación Nacional
Al Congreso Nacional Indígena / Concejo Indígena de Gobierno
Al Escuadrón 421 y a quienes integran las delegaciones en La Gira por la Vida
A los colectivos, organizaciones y pueblos de la Europa de abajo -la Tierra
Insumisa, Slumil K´ajxemk´opA las Redes de Resistencia y Rebeldía
A la Sexta Nacional e Internacional
A los pueblos que luchan
A los medios de comunicación
Al pueblo maya de la península de Yucatán

  1. La Guerra de ayer, herencia colonial

En la memoria de nuestros pueblos, de las abuelas y los abuelos mayas que habitan nuestros territorios ancestrales está presente la Gran Guerra. Aquella iniciada en 1847 en los pueblos de Tepich y Tihosuco en el oriente de la Península de Yucatán. La insurrección maya por la defensa de la libertad.

En la memoria de los pueblos viven los recuerdos de aquellos días en los que, decididos a terminar con la opresión, la explotación, los despojos y la muerte provocada por los malos gobiernos en complicidad con los hacendados que perpetuaban las condiciones de esclavitud colonial para los pueblos mayas; se levantaron en armas Cecilio Chí, Jacinto Pat y cientos de hombres y mujeresmayas para luchar por la dignidad y la justicia, iniciándose así una de las mayores rebeliones en el territorio maya.
Tal como lo habían hecho nuestros ancestros que desde el inicio de la invasión europea resistieron a los intentos de aniquilamiento de los pueblos originarios: Nachi Cocom, Jacinto Canek y muchos abuelos y abuelas mayas rebeldes.
En la memoria de los pueblos viven los recuerdo de la guerra: los enfrentamientos, la muerte, la sangre tiñendo las aguas cristalinas de los cenotes en medio de la selva; el recuerdo de tiempos de esconderse entre lo tupido del monte y habitar dentro de las cuevas sagradas; los tiempos de alimentarse con plantas silvestres, raíces, frutos e insectos a falta de maíz pues las milpas y sus cosechas eran destruidas por los de arriba, los malos gobiernos contra los que se luchaba.

Pero también vive la memoria de la autonomía conquistada con fusiles y con fe, la memoria de las fiestas ceremoniales. Viven los recuerdos de la música del mayapax con el violín, el bombo y la tarola: tan triste como sagrada; tan festiva como dolorosa. Vive la memoria de María Uicab, Vive la palabra de La Cruz Parlante que dirigía los combates y mantenía unidos a los insurrectos, porque la lucha por nuestro pueblo ha sido también una lucha espiritual; en las proclamas de la cruz kichkelen yuum con su palabra de lucha -pero también de amor y esperanza- guió a nuestros abuelos y abuelas. Hoy también continúa guiándonos. La lucha es desde nuestra raíz y existencia.

Vive en la memoria de nuestros pueblos el recuerdo de aquellos tiempos que la historia oficial nombró “Guerra de Castas»; levantamiento armado que inicio un 30 de julio de 1847 y que hoy los pueblos mayas conmemoramos con resistencia y rebeldía.
Esta gran guerra, que el oficialismo decretó finalizada en mayo de 1901, pero que nosotros sabemos, permanece vigente.

La idea de ‘Castas’, es racista. En estas categorías coloniales las abuelas y abuelos ocupaban el lugar más bajo. Sin derechos, sin autodeterminación. Sin Autonomía. Las noción de ‘Castas’ es herencia del racismo colonial que construyó la idea de superioridad del colonizador patriarcal con el apoyo de las bulas papales y normas jurídicas racistas como la Docrina del Descubrimiento y terra nullius. La idea de ‘Casta’ y la supuesta inferioridad racial de nuestras abuelas y abuelos se usó como arma ideológica para legitimar la desposesión de los territorios sagrados. Por ello reivindicamos que la guerra fue una guerra social de liberación contra el opresor. Contra el heredero del látigo colonial que se independizó de la Corona solo para perpetuar la explotación de nuestros pueblos.

  1. La Guerra de hoy, el racismo de 500 años

La Guerra continúa. Vivimos uno de los momentos más críticos en la historia del territorio maya.

Hoy como ayer está en disputa el territorio sagrado. El Estado mexicano se asume como heredero ‘legal’ de los territorios desposeídos a los Pueblos Mayas. Por ello no ve la necesidad de pedir el Consentimiento de los Pueblos Mayas. Sin embargo, le recordamos al Estado que 1) los llamados territorios de la Nación Mexicana son precisamente aquellos territorios desposeídos a nuestras abuelas y abuelos aludiendo a la Doctrina del Descubrimiento y terra nullius. Aludiendo a doctrinas racistas, falsas y moralmente condenables. Y 2) el Consentimiento es un derecho ganado por nuestras abuelas y abuelos, muchas de ellos mártires en las luchas por los derechos humanos.

En nombre del “desarrollo” que beneficia a los gobiernos y a las grandes empresas, se aprovecha de la condición de opresión de los Pueblos Mayas. El capitalismo explota y destruye permanente la naturaleza, y, al igual que en la colonia y en la época de la esclavitud en las haciendas, acaba con los pueblos y con nuestras formas de vida. En otras palabras, perpetúa el genocidio de los Pueblos Indígenas.

Hoy como ayer las fuerzas armadas fuerza militar es un instrumento para mantener el status quo. Para mantener la opresión de pueblos. Para evitar que hagamos uso del derecho a la Autonomía y la Autodeterminación. La militarización con la Guardia Nacional busca proteger los intereses de quienes promueven e imponen las las grandes obras de infraestructura. No buscan proteger a la sociedad sino reprimir las luchas y los procesos de Autonomía. Así como en el pasado, los soldados federales realizaban las cacerías de pueblos mayas.

Las haciendas azucareras y henequeneras se transformaron en los complejos turísticos de la Riviera Maya, y dan lugar a otras formas de opresión de los pueblos como los programas gubernamentales Sembrando Vida y otros asistencialistas, que más que empoderar generan dependencia. La tienda de raya es hoy el crédito inmobiliario que esclaviza a las y los trabajadores que viven en condiciones de precariedad laboral.

La guerra continúa, la de los arriba contra los pueblos, pero también continúa la resistencia y rebeldía.

Y así lo demostramos los mayas de hoy que también nos levantamos para defendernos de los megaproyectos que se imponen en nuestros territorios. Nos rebelamos ante las nuevas formas de esclavitud al servicio del turismo. Nos rebelamos contra la destrucción de la Sagrada Tierra por la agroindustria.

Resistimos ante los despojos de las empresas de energía eólica y fotovoltaica, ante la contaminación de las aguas por las granjas porcícolas y toda la ola de proyectos extractivistas que nos impone el modelo capitalista.

Nuestra lucha es por la vida y por los derechos. La Autonomía es un derecho y el Consentimento es un medio para respetar ese derecho. Nos rebelamos ante las estructuras racistas y patriarcales del Estado, que perpetúan el colonialismo interno para beneficio de los de arriba y sus capitales globales.

  1. La esperanza de mañana

La guerra que continua hoy, es por la vida de mañana, desde que inició la invasión europea hemos estado en lucha por sobrevivir como pueblos, eso es precisamente lo que nos ha permitido que hoy, los hijos e hijas del pueblo maya sigamos aquí y con orgullo digamos ¡seguimos vivos! No pudieron sus armas, su violencia, su odio, su racismo, su desprecio, para acabarnos, no pudieron en la historia pasada, no podrán en la historia que estamos construyendo.

Los hijos e hijas de la historia, los que podemos caminar el presente por los caminos de la memoria construida por nuestros ancestros, los que podemos beber de las aguas teñidas con la sangre de nuestro pueblo, seguiremos el camino aprendido de nuestra historia, seguiremos preservando la memoria de lucha, seguiremos peleando esta guerra por la libertad de nuestro pueblo, seguiremos construyendo nuestra añorada autonomía.

Los hijos e hijas que vendrán, los que nacerán de nuestro pueblo aprenderán que, al igual que los gemelos del Popol Vuj, será nuestra labor luchar siempre por una vida digna. Que somos hombres y mujeres de maíz que no olvidamos que debemos de nombrar a nuestros creadores.

Abuelas y abuelos de ayer, les recordamos, honramos y agradecemos por la lucha que realizaron en la gran insurrección maya, jamás morirá la flor de su memoria. Sabemos bien, que nunca estarían de lado del Estado, ni de sus instituciones.

Hijos e hijas del hoy y del mañana, continuemos el camino de lucha que nos enseñaron las abuelas y abuelos.

Campaña U Jeets’el le Ki’ki kuxtal
Por una vida digna, ¡Vamos por la Autonomía!
30 de julio de 2021
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