“A ti te toca esperar”. Testimonios del desprecio racista contra los pueblos originarios.

Tomado de caminoalandar

Por Raúl Romero.

Publicado en Camino al andar.

20 de junio de 2021.

Odilia Vázquez Sánchez nació en la Nueva Galilea, “en la mera Selva” -como ella dice-, en el estado de Chiapas. Habla las lenguas tzeltal y castilla, y es una de las mujeres zapatistas que en los últimos meses ha intentado sacar su pasaporte para ser parte de la delegación aerotransportada que participará en la Travesía por la Vida Capitulo Europa. En ese proceso, Odilia ha vivido el desprecio y el racismo que habita las oficinas gubernamentales de México, un problema estructural que se reproduce y alienta desde el Estado mexicano.

Durante los primeros meses del 2021, Odilia investigó en la página electrónica de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) los documentos que necesitaría para solicitar su pasaporte y el pago que tenía que realizar. Como muchas oficinas seguían cerradas en Chiapas, Odilia hizo cita para acudir a las oficinas de la SRE que se ubican en Av. Miguel Ángel de Quevedo 1144, en Parque San Andrés, Coyoacán, en la Ciudad de México.

Con todos los documentos y el pago solicitado, Odilia acudió -con careta y cubrebocas, obviamente- a su cita el 22 de marzo. El primer filtro lo libró sin mayores complicaciones: le hicieron preguntas, le pidieron sus papeles, su credencial de elector y la pasaron al área donde le tomarían la fotografía. Fue hasta ese momento que le informaron que no se podría realizar el trámite porque su acta de nacimiento es extemporánea, es decir, que fue expedida después de los primeros tres años de vida.

En Chiapas muchas comunidades viven lejos de ciudades donde se realizan los trámites de actas de nacimiento u otros documentos oficiales. Este es el caso de los y las integrantes de la comunidad en la que nació Odilia: obtuvieron su acta de nacimiento de manera extemporánea cuando acudían las brigadas de registro civil a estos territorios.

Odilia, que había leído bien los requisitos, estaba preparada para esto. Como se indica en la página de la SRE, Odilia presentó las actas de nacimiento de su padre y de uno de sus hermanos, pero le volvieron a rechazar, esta vez, sin argumento de por medio. Lo que siguió entonces fue una cadena de maltratos y sinsentidos.

La persona que atendía a Odilia le preguntó cuántos hermanos tenía y ella le informó que diez. Le pidió que llevara las actas de nacimiento de cinco de sus hermanos, “así avalarían que es chiapaneca y mexicana, y que su acta de nacimiento es legal”. Odilia, molesta, protestó: “te estoy diciendo que es legal, si no desde el trámite de mi credencial me lo hubieran dicho. Ahí te piden acta de nacimiento y ahí avalan que es legal”.

Pero la decisión ya estaba tomada, Odilia no recibiría su pasaporte ese día. Como si no fuera suficiente con las cinco actas de nacimiento que le acababa de solicitar, el funcionario de la SRE siguió interrogando: “¿qué otros papeles puedes traer?”. Odilia contestó que no tenía más, que no tenía papeles de estudio, pero se comprometió a regresar con las cinco actas y además con una constancia del ayuntamiento.

Como los y las zapatistas no se rinden, no se venden y no traicionan, Odilia regresó a Chiapas a obtener los documentos que le pedían. Fue al ayuntamiento y pidió dos constancias, una de origen y una de identidad. También pagó y consiguió cinco actas de nacimiento actualizadas de sus hermanos. El 28 de marzo regresó a las mismas oficinas de la SRE en Coyoacán.

Lo primero que le informó la persona que la atendió en esta ocasión es que “no eran necesarias las cinco actas de sus hermanos, con una basta”. La pasaron nuevamente a la sección donde le tomarían la foto y ahí le preguntaron si tenía algún otro documento que avalara su identidad, pues no era suficiente con las actas de nacimiento y las constancias del ayuntamiento. Esta vez Odilia también llevaba su boleta de confirmación. La entregó. Le tomaron la foto, firmó y la hicieron pasar a la siguiente sección. Segunda visita y segundo filtro superado.

Mientras Odilia esperaba, la volvieron a llamar. Nuevamente le informaron que no le podrían dar el pasaporte, que tendrían que verificar si los documentos que entregó eran legales. Le hicieron firmar una constancia, le pidieron un número telefónico y se comprometieron a llamarla. Nunca sucedió.

“Llamé hasta cinco veces al día”, cuenta Odilia, “pero no me daban respuesta”. Luego dejaron de contestarle el teléfono. Después de más de dos meses sin comunicación, decidió regresar a la Ciudad de México para preguntar personalmente. Acudió en seis ocasiones a las oficinas de la SRE y le decían que no tenían la información, que el registro civil tendría que responder al gobierno estatal y este a las oficinas de la SRE. “Si no se va a poder, pues dime la verdad, para que voy a estar esperando también si es que no se va a poder. Dime que no se va a poder y me devuelves mis documentos”, reclamó Odilia, pero los funcionarios tampoco estaban dispuestos a regresar los documentos o el pago.

Odilia sabía que le estaban mintiendo: semanas atrás, ella misma había acudido al registro civil en Chiapas donde está su acta de nacimiento. En esa ocasión pidió a los funcionarios que se comunicarán con la SRE de Coyoacán, pero tampoco les contestaban el teléfono. Cuando Odilia informó esto, su interlocutor respondió: “lo que esperamos es un oficio, nosotros tenemos los números telefónicos de los registros civiles. Ya no les vamos a aceptar más documentos, ni números telefónicos. Nosotros sabemos ya cómo. Ya no te toca a ti. A ti te toca esperar”.

Angelina Pérez Pérez es otra de las mujeres zapatistas que ha intentado sacar el pasaporte. Angelina vive en el Ejido la Unión, en la Selva chiapaneca, y habla la lengua tzeltal. Aprendió la lengua castilla cuando la traición de Zedillo, con los “campamentistas” que llegaban a la comunidad.

Angelina también viajo a la Ciudad de México para tramitar su pasaporte. Vivió una situación similar a la de Odilia: trajo todos los documentos que se requieren y al momento de revisarlos, los responsables de la oficina le dijeron que su acta de nacimiento era extemporánea. Le pidieron actas de nacimiento de su papá y su mamá, pero esas actas también son extemporáneas. A Angelina la registraron cuando tenía 17 años, porque su papá y su mamá no saben leer ni escribir, ni hablar castilla. Tampoco tenían cómo llegar a la ciudad para hacer ese trámite, “era muy caro y además no había carreteras”, dice la mujer zapatista.

Angelina llevó consigo el acta de nacimiento de su hermano. La persona que la atendía, también en la SRE de Coyoacán, vio el documento y la cuestionó: “nunca había visto este apellido con s, siempre viene con z”. Ese fue la primera señal que adelantaba la negativa del pasaporte.

“Tu hermano tiene otro apellido materno. ¿Son medio medios hermanos?”, interrogó el burócrata de la SRE. “Sí”, contestó la zapatista. “¿Y por qué?”, volvió a cuestionar el funcionario. “Porque ya ves que los hombres así hacen”, contestó Angelina. “No todos los hombres”, concluyó el funcionario.

Angelina pasó a que le tomaran la foto. Descubrió ahí que su pasaporte tenía un error: lo habían hecho por tres años, cuando ella pagó por diez. El encargado le dijo que lo solucionaría, y le pidió que pasara a otra sala.

Luego de una larga espera, llamaron a Angelina para decirle que no le entregarían el pasaporte. Le dieron muchos pretextos: que tenían que verificar su identidad en Chiapas, que su nombre no estaba bien, que el acta era extemporánea. Le dijeron que dejara su número de celular y en dos días la llamarían. Al igual que a Odilia, nunca la llamaron.

Ante la falta de comunicación, Angelina acudió ocho días después a las oficinas de la SRE. Preguntó por su trámite. Le dijeron que no tenían confirmación. Esta vez le pidieron que esperara un mes. Angelina protestó: “es mucho… no vivo aquí, vivo en Chiapas, en la Selva. Es muy caro el pasaje”. “Sí, pero qué le hago, es hasta que respondan en Chiapas. Espérese un mes”, le contesto el “servidor público”.

Más de un mes después Angelina volvió a las oficinas a preguntar por su trámite. No había respuesta, le dijeron. Angelina los cuestionó: “¿será que es cierto que lo están checando deveras?, porque siempre hacen mentira ustedes”. “No cómo cree, cada día lo estamos viendo”, le contestaron.

Ocho días después de su última visita, Angelina volvió a insistir. Nada. Le dijeron que se regresara a Chiapas y esperara la llamada en que le informarían cuando ya estuvieran sus papeles.

Odilia cuenta que otros de sus compañeros y compañeras viven violencias similares en las oficinas de la SRE en Comitán y Tuxtla Gutiérrez, en Chiapas: “Les piden todos los documentos, los traen y a la hora que ya están pues igual los rechazan. Les vuelven a pedir otros documentos y les siguen dando trabas. Y así está, sólo porque, no sé… no sé cómo es que nos miran. No creen en nosotros. No sé qué es lo que quieren. Porque por más que le entregamos todos los documentos que nos piden, pero no”.

La reflexión de Odilia es contundente: “Trajimos todo lo que nos pidieron, lo entregamos. Todo. Y no. Sólo están tratando de chingar, porque te lo piden y a la hora que lo entregas otra vez no”. Angelina refuerza el argumento: “No te dicen claro cuál papel se necesita más. Ya cuando regresas te vuelven a pedir otro papel, acta de nacimiento de tu hermano o tu hermana. Ya con ese, no te reciben otra vez, que el papel de estudio, que tu bautismo, que tu confirmación. Ya con ese, otra vez te piden otro documento, así nos traen en la oficina (…) Estamos pagando. No queremos nada gratis”.

Mi acta es extemporánea, “pero soy legal, soy mexicana”, dice Angelina, y continua: “No nos toman en cuenta, como somos indígenas, no somos mestizos, por eso hacen así que no nos toman en cuenta. Como somos morenos, somos de la selva. Pero si ellos lo tramitan sus papeles, sus pasaportes, como son güeros, rápidos los dan. Pero en cambio nosotros no. Como no sabemos hablar bien el español, pero somos la misma sangre que ellos también. Siempre nos hace así el maldito gobierno que nos maltrata así hasta ahorita. Pero tenemos ese derecho de salir en otras partes en otros países. Como somos mexicanos, el gobierno debe hacer que nos den nuestros pasaportes, lo estamos haciendo legal. Vamos a hacer cosas legales, vamos a ir a ver a gente que está sufriendo como nosotros ahora con los pasaportes”.

Algunos delegados y delegadas del Congreso Nacional Indígena – Concejo Indígena de Gobierno que participarán en la Travesía por la Vida Capitulo Europa también han vivido situaciones de discriminación al solicitar su pasaporte. El patrón es el mismo: un racismo institucionalizado y una xenofobia creciente.

Los pueblos mayas zapatistas y los pueblos originarios del CNI – CIG vuelven a darnos un golpe de realidad: más allá de las acciones mediáticas y de los discursos neoindigenistas, el racismo se sigue reproduciendo desde el aparato de Estado mexicano.

La Travesía por la Vida apenas comienza y ya nos va dejando tareas: denunciar y combatir en México y en todo el mundo el desprecio racista, la explotación, las violencias machistas… Como señala Angelina, seguramente en este viaje encontrarán a otros, otras y otroas que resisten y combaten los mismos desprecios.