Archivo de la categoría: Trabajo y explotación

Apoyo al situam

Tlalpan, 12 de febrero de 2019.

Al Sindicato Independiente de Trabajadores de la UAM

A la comunidad Uamera

A los medios de comunicación

Al pueblo de México

Nosotras, nosotros, mujeres y hombres participantes en la Red de Resistencia y Rebeldía Tlalpan manifestamos nuestro apoyo total a su justa y digna lucha por mejorar las condiciones laborales y el respeto a su contrato colectivo, así como el pago de los adeudos pendientes por concepto de salarios.

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SCJN ordena a SG devolver recursos a braceros

Gustavo Castillo García | miércoles, 31 oct 2018 15:01

Tomado de jornada

Ciudad de México. La segunda sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación concedió la protección de la justicia federal a braceros que durante décadas han exigido la entrega de los recursos que entre 1941 y 1964 les fueron descontados de su salario como parte de un plan de ahorro cuando participaron en el llamado programa Bracero en el cual trabajaron en Estados Unidos. Seguir leyendo SCJN ordena a SG devolver recursos a braceros

Documento de discusión Conferencia Nacional de la Nueva Central de Trabajadores

La Nueva Central de Trabajadores (NCT) frente a la Nueva Situación Nacional:
CONTINUIDAD “COMPENSADA” O ALTERNATIVA REAL AL NEOLIBERALISMO Y LA ANTIDEMOCRACIA.
El pueblo de México asestó un golpe formidable a los partidos neoliberales que lo mal gobernaron durante los últimos 30 años. El descontento social acumulado, la persistencia de innumerables luchas de resistencia obrera campesina y popular en contra de la pobreza, el despojo, la injusticia y la represión encontraron en el 1° de Julio el día y la hora para ajustarle las cuentas a quienes se enriquecieron con el remate de los bienes de la nación y el desmantelamiento del carácter social de la Constitución Mexicana.
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El Contexto Internacional.
Tal acontecimiento histórico se da, en primer lugar, en un contexto internacional en el que la crisis global capitalista se recrudece y cobra nuevas expresiones. No existe ni de lejos la posibilidad de una recuperación económica prolongada o de expansión, y la búsqueda de salidas está llevando a las metrópolis imperiales, a los grandes poderes y capitales, a redefinir el mundo. En la “era Trump” se habla del fin de la globalización. Lo cierto es que se está replanteando toda la arquitectura que la globalización neoliberal armó en el periodo pasado y comienza a predominar una supuesta vuelta al “proteccionismo”, el chauvinismo fascista, la competencia entre las grandes potencias y una temida guerra comercial. Sólo que ahora el conflicto entre potencias capitalistas incluye a Rusia y, principalmente, a China. Y esa competencia y guerra comercial se traduce frecuentemente en conflictos bélicos, en intervenciones militares, en guerras regionales o en la amenaza de una nueva conflagración mundial. El peligro para la humanidad es enorme mientras el capitalismo se revuelve en su marasmo.
Como parte de lo mismo, el contexto internacional también está marcado por una ola de derechización y una profundización de los ataques neoliberales a nivel mundial. En particular en América Latina, la derecha ha conseguido con el apoyo del imperio echar para atrás o poner en peligro los avances antineoliberales que se habían conseguido en un periodo anterior, por medio de grandes campañas publicitarias con los medios masivos que controlan, campañas de desestabilización o de plano golpes de Estado apenas disfrazados de “democráticos” o “anticorrupción”. El encarcelamiento de Lula es la culminación del golpe de Estado que se vino construyendo en Brasil y pretende impedir una vuelta de la izquierda y las fuerzas progresistas.
Pero en aquellos países del Sur, y de hecho en toda América Latina, los pueblos resisten, los movimientos sociales y la izquierda representan e influyen en una gran parte de la sociedad de cada país, y el péndulo puede volver pronto a inclinarse a la izquierda. Es indispensable, sin embargo, sacar las lecciones también de las deficiencias y errores que facilitaron el regreso de la derecha neoliberal. Entre ellas, romper con la ilusión de que las alianzas con las derechas o sectores del capital, el “equilibrio” político, no dura prolongadamente. El capital y la derecha no perdonan. Sólo avanzar en las transformaciones sociales, políticas y económicas, y la organización determinante del pueblo pueden prevenirlo. Ni el dirigente más capaz puede sustituir eso, menos quien pretenda desde arriba y desde el “centro” mantenerse en el poder.
El periodo de “transición”.
Al tiempo que se realiza una “transición de terciopelo” entre el gobierno de Peña Nieto y el que encabezará Andrés Manuel López Obrador (AMLO), las medidas neoliberales no cesan. El continuo incremento en el precio de la gasolina repercute, de manera directa o indirecta, en todo lo demás. La inflación y la carestía no ceden, y junto con el tope salarial continúan deteriorando el poder adquisitivo de los trabajadores, por más que se hable de la recuperación del salario mínimo
Por otro lado, no sólo la supuesta “guerra en contra del narco” continúa sumando víctimas a los 150 mil muertos, 30 mil desaparecidos y 250 mil desplazados que acumula hasta hoy, sino que el clima de violencia se expande en todo el país, incluso en las esferas políticas, y siguen multiplicándose alarmantemente los feminicidios. La aprobación de la Ley de Seguridad Interior, que legaliza la intervención de las Fuerzas Armadas en cualquier conflicto nacional, es una espada que pende amenazadora sobre todo el pueblo de México.
Las consecuencias de los pasados terremotos de septiembre siguen ahí, evidenciando a una clase política incapaz de hacerles frente, corrupta y más preocupada por sus carreras e intereses creados, por ejemplo con las grandes inmobiliarias, que por dar solución a las necesidades y exigencias de los damnificados. Con ellos ha surgido otro sujeto social que cuestiona al Estado como otros movimientos sociales en resistencia a lo largo y ancho del país.
El perfil del nuevo gobierno.
Lo más preocupante son los acontecimientos que en las últimas semanas después del 1° de Julio se han ido perfilando para el futuro inmediato de nuestro país. El tan anunciado cambio de régimen aparece ahora, por lo menos en el plano económico, como continuidad. La ruta neoliberal que ha predominado como política económica de Estado se prolonga en el tiempo, a la vez que se entrelaza con la reconfiguración geopolítica del capitalismo mexicano. Como contrapeso a la continuidad económica, se perfila el despliegue de una política asistencialista orientada hacia los grupos vulnerables de la población que puedan constituirse en una sólida y amplia base social del nuevo gobierno. La composición del nuevo gobierno y la definición de sus políticas públicas obedece a estas dos grandes líneas de acción que ya lo caracterizan en primera instancia.
El gobierno nacido del hartazgo no es un gobierno de los trabajadores. Antes del 1 de Julio quedó de manifiesto que la candidatura de AMLO se desplazaba del centro hacia la derecha en la medida que matizaba su discurso y lograba la interlocución con los grupos de poder que han dominado al país. En esa misma medida el riesgo de un nuevo fraude electoral se fue diluyendo. Se alejaba la posibilidad de la ruptura con el neoliberalismo y se perfilaba la modalidad que ahora recién toma su curso. Desde luego, esos poderes fácticos lo han aceptado con la condición de determinarlo, de acotarlo, de que no vaya más allá de lo que el capital y el neoliberalismo pueden consentir. Esto lo facilita el hecho de que el nuevo gobierno y Morena se vienen llenando de cuantos arribistas y trepadores de izquierdas y derechas pueda haber, sobre todo de tránsfugas del PRI y el PAN. El gabinete y los principales operadores políticos ciertamente no vienen de la izquierda.
La apuesta económica del nuevo gobierno apunta a la reactivación del mercado interno y la relocalización de la inversión privada hacia las zonas económicas especiales; el rescate de las empresas públicas del sector energético para recuperar renta nacional y controlar los precios del gas, las gasolinas y la electricidad; destinar recursos públicos a la producción agrícola para reactivar el campo; lograr una rápida renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que sortee las políticas proteccionistas de Donald Trump. Con estos ejes del paquete económico se pretende encarar y remontar la crisis económica del país. Complementariamente se plantea eficientizar el gasto social destinado a los programas asistenciales reduciéndolos de 150 a 50 prioritarios, incrementar la inversión pública en proyectos productivos e incentivar la economía de la frontera norte del país mediante el incremento al doble del salario mínimo, la disminución del IVA del 15% al 8% y del impuesto sobre la renta del 30% al 20%. Ciertamente, tales medidas podrán tener un impacto económico en un primer momento, pero no resuelven de fondo los lastres dejados por el neoliberalismo ni sientan las bases para un desarrollo sostenido y justo para el país.
La disyuntiva.
El estado de ánimo de los sectores populares que votaron por la coalición “Juntos Haremos Historia” tiende a disiparse conforme se integran los equipos de transición, secretarias de estado y se confirma que no habrá marcha atrás a las reformas estructurales, a excepción, y limitadamente como ha señalado la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), de la educativa que podría tener contados sus días. La efervescencia, sin embargo, aún sobrevive en algunos sectores sociales que o bien se beneficiarán directamente de las políticas asistenciales del nuevo gobierno o guardan la esperanza de que la suma de concesiones al gran capital nacional y extranjero solo sea parte de una estrategia de “engaño” que a la larga pueda revertirse con un súbito giro a la izquierda.

En cualquier caso, en los próximos meses y sobre todo después del 1 de julio casi todo escenario probable conduce a una situación nacional altamente conflictiva, a una enorme crisis política, y probablemente económica, que puede conducir a la reconfiguración del Estado y puede abrir compuertas para redefinir a la nación si hay un sujeto social que lo pueda capitalizar. La victoria electoral no significa que estarán garantizados los intereses y reivindicaciones del pueblo trabajador, de las comunidades y pueblos, de los jóvenes y mujeres, la democracia verdadera o el desarrollo soberano de la nación; ni siquiera es seguro que se reviertan las reformas neoliberales o se recuperen los bienes nacionales privatizados. En realidad, lo que significará es que se abrirá la verdadera disputa, entre el capital y el trabajo, entre la democracia y el autoritarismo, entre la izquierda y la derecha, entre los movimientos sociales y los partidos, por definir el rumbo de la nación. Ahí iniciaría realmente la famosa “transición”. Pero la transición siempre va para algún lado. La derecha y los poderes fácticos, y las metrópolis imperiales, jalarán a ese gobierno hacia sus intereses o lo harán caer. La clase trabajadora, los movimientos sociales, la izquierda, debemos actuar para que ese momento político de transición, ese cambio político derivado de las elecciones, se conduzca hacia la izquierda, hacia un proceso de transformación real del país bajo un gobierno constituyente verdaderamente representativo de la mayoría del pueblo mexicano. Aun para quienes desde los movimientos sociales hayan apoyado la candidatura de Morena, ésta será la disyuntiva.
La lucha por la libertad y la democracia sindical en la nueva situación.
Pese a todo, la derrota del PRI encierra enormes posibilidades de retomar la lucha por la democratización de los sindicatos y en general del mundo laboral. El debilitamiento del sindicalismo corporativo es manifiesto. Tanto así que en la segunda semana del mes de julio ya habían declarado a los cuatro vientos, y lo siguen haciendo, en diversas publicaciones a página entera, su alineamiento con el gobierno de AMLO. Quienes han reiterado que no intervendrá directamente en contra de las direcciones charras afiliadas al PRI que encabezan al Sindicato de Trabajadores Petroleros de la Republica Mexicana (STPR) y al Sindicato Unico de Trabajadores Electricistas de la Republica Mexicana (SUTERM), señalando que en todo caso serán los propios trabajadores quienes los releven bajo sus propios procedimientos estatutarios. No ocurre lo mismo en los sindicatos de empresa que emprenden la lucha por la libertad sindical donde el aparato patronal-sindical sigue imponiendo sus violentos métodos represivos para doblegar a los grupos en rebeldía que les disputan la conducción de la lucha obrera. Goodyear y Laboratorios Zerboni son ejemplo de ello. Está en veremos si López Obrador termina aceptando pactar con el viejo aparato corporativo, como en su momento lo hizo Fox.
Vulnerable, al centro de la ofensiva mediática y sin respaldo oficial, el charrismo sindical de los anteriormente “poderosos” sindicatos nacionales de la industria energética y de los menguados servicios públicos de salud y educación se hayan imposibilitados para retomar el control de sus bases. En el corto plazo viven una especie de periodo de gracia en tanto las fuerzas democráticas que buscan desplazarlos y los tiempos estatutarios maduran el proceso de relevo que, por lo menos en el caso del sindicato petrolero, es inevitable. ¿Qué vendrá después? ¿Cómo se repondrá la democracia en un sindicato que por décadas ha estado dominado por el corporativismo?
El primer impulso democratizador derivado de la derrota priista pudiera tener poco alcance y tender a localizarse en los sindicatos ya referidos. Un segundo impulso tendría que detonarse desde adentro y fuera de un sindicalismo en movimiento, sobre todo aquel que está asentado en las empresas privadas de la agroindustria, la maquila y la mediana industria así como en las industrias de punta ligadas al mercado exterior (automotriz, aeronáutica, autopartes, etc.). Esta lucha por la democracia sindical está dirigida en contra de los contratos y sindicatos de protección patronal, lo que nos confronta con las mafias sindicales que le dan garantías de control al capital. Tratándose de un proceso no espontaneo requiere de una elaborada planeación estratégica. La Nueva Central de Trabajadores tendrá que asumir esta tarea.
Podríamos decir que el proceso de recomposición del sindicalismo mexicano se ha puesto en marcha. Su impulso dará lugar a una nueva configuración de lo que hoy conocemos como sindicalismo corporativo. Su desmantelamiento no necesariamente dará lugar por si mismo al fortalecimiento del sindicalismo independiente. Para evitar la debacle es predecible su transformación en organizaciones neo corporativas a modo de respaldar las líneas de acción del gobierno en turno. Este proceso puede derivar al surgimiento de un nuevo agrupamiento sindical promovido desde el mismo gobierno cuyo eje central sea recuperar cierta capacidad de negociación sindical dentro de los parámetros de la reforma laboral del 2012 y sin cuestionar de fondo la relación capital trabajo. La Nueva Central de Trabajadores debe aparecer como una alternativa a esta recomposición del charrismo y ofrecer una alternativa real de organización autónoma. La liberación de Elba Esther Gordillo deja entrever la posibilidad de reciclar al charrismo sindical como contrapeso a los procesos de insurgencia sindical que puede detonar la coyuntura política y a favor de la “gobernabilidad” neoliberal del país.
A fin de evitar una recomposición del sindicalismo que derive en la prolongación del sometimiento político e ideológico de la clase trabajadora es necesario lanzar una iniciativa que reagrupe al sindicalismo democrático e integre a los desprendimientos del sindicalismo corporativo y de protección patronal cuya articulación gire en torno a la democracia sindical, independencia política, autonomía de clase y emancipación social, cuya lucha reivindicativa se exprese en una plataforma de lucha común que plantee la solución a los principales problemas económicos y sociales que viven a diarios los millones de trabajadores asalariados y asociados en el campo y la ciudad, el mar y el aire.
Hacia la Convención Nacional Democrática de los Trabajadores.
Las condiciones estructurales que dieron paso al malestar social que derivó en el voto de castigo en contra de los neoliberales del PAN y del PRI no van a cambiar substancialmente. La continuidad del modelo está garantizada en la preservación y continuidad de las reformas estructurales impuestas en el último tramo de los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. La persistencia del modelo arrastrará tras de sí a todo el caudal de prácticas de expoliación de la fuerza de trabajo que derivan de la reforma laboral del 2012. El problema del desempleo, la terciarización, los bajos salarios, la sobre explotación de la fuerza de trabajo, que en resumen han precarizado el trabajo, no encontrarán una solución en las políticas del gobierno de AMLO. Será necesario promover distintas iniciativas de carácter legislativo para desmontar el andamiaje jurídico y procedimientos administrativos que someten a los trabajadores a favor del sindicalismo corporativo y patronal. Ahí estará sobre la mesa el destino de la reforma laboral pendiente para reglamentar la reforma constitucional del 2017. Así mismo, emplazar al gobierno a la solución de las demandas de los trabajadores mediante el diálogo y la movilización social sustentada en una plataforma de lucha unitaria del movimiento sindical y cooperativista democrático. La Estructura Ejecutiva Nacional de la (NCT) tiene ya una propuesta de ruta para el impulso de este proyecto.
Como parte de esta estrategia proponemos una campaña nacional por la libertad sindical desplegada desde nuestra propia plataforma y de ser posible en alianza con otras fuerzas del sindicalismo democrático. Esta campaña es imprescindible para impulsar un nuevo ciclo de luchas obrero sindicales que tienen el propósito de alcanzar la independencia política de la clase trabajadora comenzando por la recuperación de las organizaciones sindicales de los trabajadores ahora en manos del corporativismo y el control patronal. Esta campaña debe estar ligada a la campaña de la organización de los no organizados.
La campaña por la libertad sindical debe desplegarse a nivel nacional y contar con todos los medios para sensibilizar a los trabajadores, orientar jurídicamente sus luchas, formar política e ideológicamente a sus activistas y dirigentes y fomentar la articulación de sus luchas con otras plataformas populares. Los compañeros del Centro de Investigación Laboral y Asesoría Sindical (CILAS) presentarán una propuesta a la Conferencia Nacional.
La agenda del movimiento social independiente.
En todo el proceso electoral de 2018 predominó la lógica de privilegiar el fortalecimiento de régimen de partidos. La discrecionalidad en el tratamiento de las candidaturas independientes, la exclusión de la vocera del Consejo Indígena de Gobierno del proceso político, la exclusión del movimiento social de las coaliciones electorales y la ausencia de un frente político popular de carácter nacional que pusiera en la mesa su propio proyecto alternativo de nación terminaron por facilitar un relevo de poder, que por la vía electoral, desplazo sin grandes convulsiones políticas y sociales, a una fracción política de la oligarquía que gobernó por tres décadas al país, e instauró mediante el voto popular a un gobierno de coalición que, salvaguardando la continuidad del modelo, asume la necesidad de contrarrestar la polarización social que emerge de sus entrañas. Dicen entonces que ganó la democracia.
La exclusión del movimiento social independiente del Poder Ejecutivo en sus tres niveles de gobierno y cámaras del Poder Legislativo, con sus pocas excepciones, advierte la ausencia de una alianza formal del movimiento social con el nuevo gobierno; su proyecto político aparece entonces como continuidad de la lucha social por otros medios aún y cuando en el movimiento social perfiló en el último período distintos proyectos alternativos de nación de carácter antineoliberal que coincidían en la necesidad de convocar a una Nueva Constituyente de carácter popular. Esta vía, sin estar cancelada, no fue adoptada por el nuevo gobierno. Sin embargo, para el campo popular sigue siendo un eje central de su proceso histórico de acumulación de fuerzas.
Es imperativo construir un gran polo social alternativo capaz de influir en la conciencia de la gente, de abrir combate a la derecha neoliberal, de ser articulador del descontento social, de representar un dique contra la represión, de ser un bastión en la defensa de la democracia, de representar un verdadero contrapeso en el escenario político, de contrarrestar las tendencias de adaptación al sistema, de constituir una verdadera alternativa transformadora. Hay que empezar a construirla desde hoy.
Pero hay que ser objetivos e ir colocando piedra sobre piedra. Es necesario reconocer que el movimiento social y la resistencia están sumamente dispersos. Los intentos de unidad no son suficientes y, siendo varios, son prueba contundente de que no hay unidad.
En este camino es necesario avanzar en círculos concéntricos, en ir colocando cada engrane en su lugar. Indudablemente lo primero es relanzar la construcción de la propia NCT, retomar los acuerdos del Segundo Congreso. Este es el primer nivel de unidad, estratégico para la clase trabajadora, y las organizaciones que están comprometidas en avanzar hacia un nivel superior de organización de la clase trabajadora entendida en su sentido más amplio. Retomar los acuerdos del Segundo Congreso en sus distintos carriles, de manera central retomar el lanzamiento de una campaña de organización de los no organizados en las filas de la NCT, es el primer paso indispensable.
Al mismo tiempo, debemos proponernos levantar un bloque unitario con nuestros más cercanos aliados estratégicos, como la Asamblea Nacional de Usuarios de Energía Eléctrica (ANUEE) y la Confederación Nacional de Jubilados Pensionados y Adultos Mayores (CNJPAM). En el mismo nivel de unidad estratégica, aunque quizá en otra pista, deberíamos buscar consolidar las alianzas con el Consejo Indígena de Gobierno, o sea con los pueblos originarios, y con los movimientos y comunidades en resistencia a los megaproyectos, a la minería, en defensa del territorio y el agua, etc., así como con la CNTE.
Tales pasos son necesarios para buscar de una manera más sólida y eficaz una unidad más amplia con todas aquellas fuerzas sociales dispuestas a conformar un gran polo social alternativo, un sujeto social capaz de construir grandes movilizaciones y cambiar la correlación de fuerzas, cualquiera que sea la política laboral, económica y social del nuevo gobierno. Un gran evento nacional de los movimientos sociales para discutir las perspectivas de la lucha que permitan derrotar al neoliberalismo y avanzar en la transformación social del país más allá de las elecciones; son tareas que tenemos enfrente.
La convergencia de plataformas.
A lo largo de la obscura noche neoliberal se han desplegado innumerables luchas de resistencia a lo ancho y largo del país. 30 años de resistencia popular acumularon una basta experiencia de lucha, de formas organizativas y procesos de construcción que hoy en día cobran vida en organismos populares, sectoriales y/o temáticos constituidos, que adquieren un carácter nacional.
Las plataformas constituidas para resistir el despojo de la tierra y el agua, la imposición del extractivismo y la minería a cielo abierto, cancelación de los derechos sociales y accesibilidad a los servicios públicos, violación de los derechos humanos y golpeteo a las libertades democráticas, así como la precarización del trabajo que se desarrollan de manera unilateral, pueden articularse en una plataforma común mediante un proceso de convergencia que unifique y dirija sus fuerzas. Una plataforma de esta naturaleza tendría que sujetarse a principios básicos de independencia y autonomía, y procurase un amplio programa de lucha anticapitalista que le permitiera acumular fuerzas en una perspectiva de cambio profundo en nuestro país, ensayando múltiples formas de integración comunitaria que delinearan alternativas de organización social y económica, constituyeran nuevas formas de organización de contrapoder social y perfilaran la lucha política popular en mejores condiciones. En primera instancia la estructura ejecutiva ha diseñado un proceso de articulación de estas plataformas mediante un diálogo inicial que sopese esta perspectiva.
La disputa por la nación.
La Nueva Central de Trabajadores asume que la lucha por una verdadera transformación democrática de México y por enterrar al nefasto modelo neoliberal aún está por delante. Advertimos del riesgo de que todo cambie para que todo quede igual, de que este acontecimiento histórico del proceso electoral no conduzca a los cambios que está exigiendo el pueblo de México. Ya lo vivimos con el triunfo de Fox cuando se nos vendió el cuento de la “alternancia” para que nada cambiara. Hoy el signo de la victoria es distinto, pero ahí siguen los viejos poderes fácticos, económicos y políticos listos para frustrar las aspiraciones populares y para inclinar a la nueva presidencia hacia sus intereses. Y ahí están también visibles las señales en el futuro gobierno y su partido de reciclar los residuos del viejo régimen y no trastocar de fondo sus nefastas políticas económicas neoliberales. Sin el protagonismo político de los trabajadores organizados, la derrota electoral de los partidos neoliberales puede convertirse en un simple reacomodo de fuerzas al interior del bloque dominante, en el desplazamiento de una fracción política por otra que entra al relevo para remontar la crisis de legitimidad del régimen de partidos.
A pesar de esa importante victoria, el pueblo de México debe asumir que con la sola votación no hay garantías para que se cumplan sus reivindicaciones. Sólo la profundización de la participación y la organización del pueblo trabajador, de las comunidades, de los pueblos originarios, de los campesinos, de las mujeres y los jóvenes, puede ser la garantía del cambio verdadero.
Los trabajadores, en particular, no pedimos dádivas, sólo exigiremos que se respete por fin nuestra libertad para deshacernos del control corporativo, de los charros corruptos, de los sindicatos de protección hasta lograr que no se obstaculice nuestro derecho de organizarnos en sindicatos auténticos. Que se incrementen no sólo los salarios mínimos, sino los profesionales y, sobre todo, que se acabe con el ignominioso tope salarial.
La Nueva Central de Trabajadores llama a la constitución de un poderoso polo social que exija al nuevo gobierno el cumplimiento de sus compromisos hechos en campaña; que contrapese a los poderes económicos, políticos y mediáticos de siempre que buscarán mantener al país bajo su control o desestabilizarlo como lo han hecho en otros países; que empuje por llevar a la nación a una verdadera transformación democrática y social.
La coyuntura que se abre, la enorme crisis política que se está profundizando, aunque sin subestimar sus riesgos, podría ser favorable para darle un giro de 180 grados, para salir del abismo y la posición defensiva a otra en la que el pueblo trabajador vuelva a tener el protagonismo en la reconstrucción de la nación.

Fraternalmente.
ESTRUCTURA EJECUTIVA NACIONAL DE LA NUEVA CENTRAL DE TRABAJADORES.