Los de abajo: Chalecos amarillos serán anfitriones de los zapatistas

Gloria Muñoz Ramírez

Mientras a lo largo y ancho del territorio mexicano los candidatos de los diferentes partidos políticos se hacen pedazos de todas las formas posibles, dentro de un tinglado que excluye a la sociedad e incluye los malabares de las autoridades electorales, se construyen otras formas de hacer política y se posibilitan encuentros entre iguales que no tienen la búsqueda del poder –llámese hueso– de por medio.

El pasado 10 de abril, un grupo de mujeres y hombres zapatistas se concentró en un espacio denominado Semillero Comandanta Ramona. Forman parte del primer grupo que partirá a Europa en el contexto de un recorrido por los cinco continentes que dio a conocer el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en enero de este año. El objetivo: «Mirar y escuchar lo otro», pues, explicaron, «conocer lo diferente es también parte de nuestra lucha y de nuestro empeño, de nuestra humanidad».

El movimiento autónomo francés conocido como los chalecos amarillos, que desde hace dos años se levanta en el país galo en contra de las reformas neoliberales de Emmanuel Macron, será uno de los anfitriones de la delegación zapatista, la cual, además, contará con la participación de representantes del Congreso Nacional Indígena y del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua de Morelos, Puebla y Tlaxcala.

En una carta hecha pública por los chalecos, aseguran que respecto a su movimiento «no han dicho la última palabra», y que la llegada de los zapatistas será una oportunidad para intercambiar con ellos y ellas lo que han aprendido. El encuentro con la comitiva mexicana, afirman, «será una forma de enviar un mensaje de esperanza y libertad», y llamar a los pueblos que luchan a «recuperar el control de sus vidas» en todo el mundo.

En Francia y en una treintena de países de Europa los colectivos en lucha ya preparan carpas, habitaciones o graneros para recibir a la delegación invitada, parte de la cual ya se encuentra en cuarentena. El virus ha parado la vida de millones de personas en todo el mundo, pero no la del capitalismo. Y tampoco la de quienes se le resisten. La nave va.

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